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| Pasada A Venda da Teresa |
Buen sueño, el disfrutado en el albergue de A Gudiña. Nos
levantamos temprano y dimos cuenta del desayuno del que nos avituallamos el día
anterior Charo y yo. Cada uno a su aire. Al igual que la salida. El que fue
terminando fue saliendo, en una jornada de la que nos separaban unos 35
kilómetros de nuestra meta en Laza. Antes que partiéramos Helenio, Raúl y yo,
comprobé que todos estaban ya levantados y con ganas de empezar nuestra empresa
de hoy. El cielo oscuro, sin estrellas, era temprano y no había amanecido,
aunque el uso de linternas para no tropezar no duró mucho tiempo. Mi temor era,
la molestia del aductor con la que llegue el día anterior, y que desde primera
hora parecía indicarme que estaba ahí. Salimos los primeros y llegados a las
primeras calles de A Venda do Espiño empecé a despegarme de mis dos compañeros
de esa mañana. Me encontraba muy bien, el trazado era cómodo, la niebla espesa
y las ganas muchas.