De Guillermo Rodríguez Bernal

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viernes, 2 de abril de 2010

Alija del Infantado.

Benavente
Iglesia de Santa María del Azogue en Benavente
Bonita tarde, la de aquel jueves santo de hace dos años, que además caía uno de abril. Las reformas del albergue de Benavente, nos obligaba a pasar la noche en unas habitaciones que habilitó el hostal Málaga para peregrinos. Dado que, normalmente, los peregrinos que caminan por la Vía de la Plata se suelen desviar por el Sanabrés para llegar a Santiago, pensábamos que tendríamos poca o ninguna compañía en nuestro caminar hasta Astorga.

sábado, 10 de octubre de 2009

Fuenterroble de Salvatierra.

Puerto de Bejar
Puerto de Bejar
Temprano nos levantamos aquella agradable y fresca mañana de mediados de octubre de 2009. Afrontaríamos unos 33 kilómetros que separaban Baños de Montemayor de Fuenterroble de Salvatierra en la Vía de la Plata. Sabíamos que la etapa era dura y su comienzo nos pondría a prueba inmediatamente. Subíamos el puerto de Béjar, dejando atrás Extremadura y comenzando el Camino por tierras salmantinas. Helenio y yo, con caminar silencioso y cabeza baja, dejamos atrás el primer tramo de calzada romana del siglo XX y bajo nuestros pies aparecía la auténtica vía que los romanos utilizaban para unir Emerita Augusta con Asturicam Augusta. Las luces de la autovía, bastante lejos a nuestra izquierda, nos indicaba lo que tendríamos que subir para alcanzar el alto. Ese primer do de pecho fue culminado mejor de lo que se esperaba, inmediatamente amaneció y ya estábamos en la cumbre. Tiempo del primer trago de agua y de unas fotos. Caras sonrientes las nuestras por ese buen comienzo, mientras una chica alemana, callada y constante, nos daba los buenos días y continuaba con su caminar rápido y marcial.

viernes, 11 de septiembre de 2009

Cañaveral.

Saliendo de Casar
Saliendo de Casar de Cáceres
A pesar de estar bien entrado el mes de septiembre, las ventanas y portalones del albergue estaban abiertos de par en par. No sé si era el tremendo calor, la algarabía de juventud en la plaza o las campanadas del reloj del ayuntamiento, pero estuve casi toda la noche despierto y con la inquietud que me daba el no descansar para la dura etapa del día siguiente.

sábado, 27 de junio de 2009

Alcuescar.

Mérida
Saliendo de Mérida
Fresca se levantó aquella mañana de junio a la salida del albergue de Mérida, suponemos que por el gran chaparrón caído el día antes que nos hizo llegar chorreando a nuestra morada de aquella noche. Nos despedimos de nuestro hospitalero dándole muchos recuerdos para Molina, el canario que tenía en el albergue y que nos acompañó, en la tarde del día anterior, en nuestras charlas mientras se secaba la ropa. Caminábamos sin haber amanecido aún, al esperar que fuera día de calor, y Alcuescar estaba a unos 36 kilómetros. Nuestro primer deseo era encontrar algún bar para calentarnos el cuerpo con un buen Colacao y algo de comer. Fue pasar el arroyo Albarregas, con su magnífico acueducto, y continuar saliendo de la ciudad, entre casas primero y almacenes después. Nada abierto, con lo que arrancamos en ayunas.

sábado, 18 de octubre de 2008

Castilblanco de los Arroyos.

Por el Alamillo
Dejando a lo lejos el Alamillo
Mirar hacia atrás y ver la cúpula de la iglesia del Cachorro, significaba que abandonaba la ciudad de Sevilla y que teníamos muchos kilómetros por delante para llegar a Santiago con mis dos compañeros de caminos José Manuel y Helenio. Lo encapotado del cielo hizo que amaneciera bastante tarde, en aquella lluviosa y templada mañana de octubre de hace unos años. A lo lejos, la silueta sobre fondo oscuro de nuestro Aljarafe, de nuestra casa. Dejar el monolito de salida de la ciudad y cruzar los antiguos aparcamientos de la Expo, ahora solitario lugar con algún residente nómada que te hace acelerar un poco el paso.

Comenzar en Sevilla.

Catedral de Sevilla
Catedral de Sevilla
Creo que no hay nada como salir peregrinando hacia el apóstol desde casa. Aquel 18 de octubre, estábamos los tres en la puerta de la Asunción de la catedral. Una lluvia muy fina hacía creer que subíamos a Bruma, en el camino inglés, o que salíamos de Leboreiro, en el francés. Pero no, estábamos en Sevilla. Las siete y cuatro minutos cuando nos miramos y empezamos a caminar. Qué raro se nos hacía buscar las fechas en una ciudad que tanto hemos vivido. Qué distinto es el caminar con bastón y mochila, donde antes paseábamos yendo de tapas. Nuestra primera flecha en el bordillo de la calle García de Vinuesa. En el mismo lugar, un poco más arriba, el azulejo de los amigos de la Vía de la Plata invitándonos a comenzar la andadura. Al fondo, el plateresco del ayuntamiento nos decía adiós. Y detrás, la Giralda que desde arriba nos decía que allí se quedaba, pero que nos acompañaría con la mirada de su Giraldillo hasta que llegáramos a Santiponce.