De Guillermo Rodríguez Bernal

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miércoles, 21 de febrero de 2018

Ribadesella.

Nuestro último amanecer
Dormimos relajados aquella madrugada del día de vuelta. No sé si por lo agotado de los 36 kilómetros del día anterior, por los buenos gin-tonics que nos prepararon en el bar Piñeres, por aquellos colchones dejados caer sobre la madera de aquel “soberao” o por ser los únicos que dormíamos en aquella pseudo-cabaña del albergue de La Llosa de Cosme. A decir verdad, siempre se siente bastante relajo sabiendo que cumplimos con las jornadas previstas sin problemas. Después de bastantes años caminando, creo que es el primero en el que no tuvimos lesiones, ampollas, perdidas de algo o ese largo etcétera de situaciones que siempre se dan y que esta vez parecían pasar de largo.

lunes, 29 de enero de 2018

Piñeres de Pría.

Amaneciendo
Amaneciendo camino de la Playa de Vidiago
Sin lugar a dudas, esta etapa que separaba a Pendueles de Piñeres de Pría fue la reina de las que hicimos este mes de octubre pasado. Tanto por su longitud como por la belleza de aquellos parajes naturales por donde caminamos. Y así, muy de mañana arrancamos en la oscuridad de la noche con el fin de llegar a nuestra meta a buena hora. Todo bien señalizado y por camino de tierra nos fuimos acercando a la escarpada costa. El río Novales hace su acto de aparición para que entre árboles lleguemos hasta la playa de Vidiago, pequeña cala a la que se llega caminando o en coche por una estrecha carretera y que tiene que ser una delicia en los meses de verano. Volvemos a coger altura para que el Camino nos acerque de nuevo a la costa y nos enseñe lo que el mar hizo en aquellas rocas: Los Bufones de Arenillas. Herramientas del mar para subir a la superficie y estar más cerca del Camino y de los peregrinos.

miércoles, 24 de enero de 2018

Pendueles.

San Vicente de la Barquera
Saliendo de San Vicente de la Barquera
Se hacía extraño caminar por aquel pasaje de arcos de la calle principal de San Vicente de la Barquera. Aquellos bulliciosos restaurantes de la tarde anterior estaban cerrados, las mesas y sillas recogidas a un lado y la única luz que nos alumbraba era la del mismo pasaje que nos acompañaba en el caminar. Antes de salir del pueblo, cuando parecía que el olor a mar era más intenso y nuestros estómagos miraban hacia arriba esperando que se les echara algo, un pequeño bar iluminado y el olor a café se hacía sentir. Ese pequeño establecimiento fue nuestro arrancar aquel 18 de octubre del año pasado y no pudo ser mejor lugar. Dentro, conversaciones de barrio, de gentes que se conocían de siempre, donde nosotros éramos los únicos extraños y sin embargo nos sentíamos en familia casi participando de sus conversaciones. Hubiéramos retrasado nuestra salida por estar allí un par de horas más, estábamos como en casa por lo natural del ambiente y de los personajes con los que estábamos, pero pagamos y empezamos nuestra jornada de aquel día.

sábado, 23 de diciembre de 2017

San Vicente de la Barquera.

Caborredondo
Detalle de la Ermita de San Bartolomé en Caborredondo
Singular el desayuno del que disfrutamos en Caborredondo. No por supuesto por el que nos servía nuestro hospitalero del albergue Izarra, muy sustancioso, sino por la particularidad de los que nos acompañaban a la mesa. La peregrina que el día anterior nos encontramos dando un paseo por Santillana decía que volvía para ver las cuevas, un peregrino enfadado con el mundo por lo tarde que pasaba el autobús por Caborredondo y el siempre sonriente peregrino sudamericano y su eterna tendinitis que le permitía avanzar a la vez que nosotros. Si no la hubiera sufrido ya estaría a las puertas de Santiago. No dejo atrás a aquellas peregrinas que salían de la ducha cuando nos íbamos. Nunca vi a peregrinos que se ducharan antes de salir a caminar, a no ser que no fuera ese el propósito, claro. No volvimos a ver a ninguno, nada más abrazamos y dimos las gracias a nuestro hospitalero y pegamos el portazo a la puerta del albergue.

martes, 19 de diciembre de 2017

Caborredondo.

Boo de Piélagos
Albergue de Piedad en Boo de Piélagos
Con la luz de los móviles terminamos de aderezarnos para tratar de no despertar al joven Benjamín que todavía dormía. Saliendo a la terraza volvíamos a entrar por la otra puerta buscando la cocina del albergue de Piedad. Mil gracias a su madre que nos preparó un bizcocho casero, que junto con el resto de cosas que nos dejaron preparadas tuvimos un desayuno de diez. Y como el que va a trabajar, nos acercamos a los andenes de la estación de tren para cruzar con transporte el paso del río Pas, padre de unos de los valles más bonitos de toda la península. Dejábamos atrás Boo de Piélagos y en cuestión de minutos nos ahorramos cerca de ocho kilómetros de rodeo para acabar en la estación de Mogro.

sábado, 9 de diciembre de 2017

Boo de Pielagos

Ernesto Bustio
Mi despedida de Ernesto Bustio en Güemes
“Claro, vamos a hacernos juntos esa foto. Me he llevado toda la vida fotografiando a gentes de todo el mundo, como no voy a hacerlo con otros que me lo piden”, me decía Ernesto después del desayuno y antes de partir. “Y cuidadme de la Giralda, sevillanos, no se os olvide”, nos apuntillaba después de ajustarnos las mochilas y echar a andar. Decíamos adiós a la cabaña del Abuelo Peuto e inscribíamos un capítulo más en nuestra experiencia en el peregrinar. La última que vez que vimos al padre Bustio fue cuando nos adelantaba con su coche antes de llegar al cruce de la nacional. Iba pitando y saludando con la mano por la ventanilla a los pocos que caminábamos dejando atrás  Güemes.

domingo, 3 de diciembre de 2017

Güemes.

Arrancando el caminar
Es sábado, se nota la tranquilidad en las calles de Santoña. Todavía de madrugada, lo único que rompe el silencio de las calles son los rodillos de un vehículo de limpieza y el golpeteo de nuestros bastones en el suelo. No desayunamos mal en el albergue, a pesar de las deficiencias con las que nos encontramos el día anterior. Estaban de obras y no tuvimos luz en todo el tiempo que estuvimos allí. Así que con los ánimos que dan el estómago lleno y las ganas de camino, empezamos a dejar atrás las luces de la villa. Tan sólo un peregrino nos sigue en la distancia. Esta vez seguimos escrupulosamente las flechas y nuestro perseguidor decide tirar la carretera. En nada la primera torreta de la penitenciaría del Dueso y ese largo caminar junto a su muro, con el olor de las marismas a un lado y los funcionarios entrando uno a uno en el penal para el cambio de turno por el otro.

domingo, 26 de noviembre de 2017

Santoña.

Dejando Islares
Desembocadura del Agüera en la playa de Oriñón, junto a Islares
¿Carretera o camino? Esa era la cuestión planteada y por la que preguntábamos aquella mañana mientras desayunábamos en la cafetería del hotel Arenillas en Islares. La luz nos la dio el camarero que nos terminó de atender. “Tirad por la carretera. Os ahorraréis cerca de ocho kilómetros y evitáis la subida a Lugarejos. Tampoco hay mucho que no hayáis visto hasta ahora y por otro lado tenéis en algunos tramos la vista de la costa”. Pues decidido, tiraríamos por la carretera y cambiaríamos Laredo por Santoña como final de etapa, así ya tendríamos cruzada la bahía y no esperaríamos a que empiece el servicio de barca por la mañana. Y con esas arrancamos aquella oscura mañana del pasado mes de octubre. El arcén de la nacional 634 bajo nuestros pies, linternas en mano para ser vistos y la compañía de un viaducto a nuestra izquierda y la playa de Oriñón a nuestra derecha.

sábado, 25 de noviembre de 2017

Islares.

Castro Urdiales
Saliendo de Castro Urdiales
Qué pocas cosas hay en la vida que puedan matar el ánimo de algo preparado con tanta ilusión y tiempo. Allí estábamos José Manuel y yo sentados en la puerta del albergue de Castro Urdiales. Allí después casi 800 kilómetros en coche, varias horas de autobús y una minicaminata, atravesando este pueblo donde arribamos el año pasado por esas mismas fechas. Allí, sentados en un poyete dándole vueltas al coco para ver como dormiríamos aquel día que empezaba a tocar a su fin. El albergue junto al coso castreño estaba lleno. Unas tiendas de campaña a su alrededor invitaban al descanso y que rechazamos de pleno. Treinta años antes ni nos lo hubiéramos planteado, pero ahora la humedad, el suelo y el pensar que no dormiríamos hicieron que empezáramos a caminar antes de lo previsto.

viernes, 25 de noviembre de 2016

Castro Urdiales.

Santurtzi
Sardinera en Santurzi
Último día de caminar este año. Nuestros proyectos de llegar en varios días a Laredo, o un poco más allá, quedaron aparcados y decidimos hacer de ésta nuestra última etapa acabando en Castro Urdiales. Así que todavía sin amanecer y con un cielo encapotado, salimos buscando ese emblema de Portugalete que es su puente y, una vez encontrado, continuar paseando por la ría hasta llegar a Santurtzi. Esa sensación de soledad que da el caminar solo por una urbe, se vio apagado por lo concurrido que se encontraba ese paseo, a pesar de lo temprano y del fresco que corría. Pues sí, volvíamos a saltarnos el Camino “oficial”, que nos llevaría al final rondando los cuarenta kilómetros, y aprovechábamos la costa para hacer menos de treinta.

lunes, 21 de noviembre de 2016

Portugalete.

Guggenheim
Ría del Nervión, Puente de la Salve y el museo Guggenheim
Chiquillos con habla extranjera, terminaban de desayunar ayudados por su monitores en el comedor de aquel hostel en el corazón de Bilbao. Podríamos decir que fue inusual nuestro despertar aquella mañana, principalmente por la tranquilidad que nos daba levantarnos para una etapa corta, por el desahogo de saber que caminaríamos entre calles ese día y por esa sensación extraña que nos daba el continuar sabiendo que lejos de allí un amigo partía de forma definitiva y no estaríamos allí acompañándolo. Difícil y meditada situación a la que llegamos José Manuel y yo el día anterior. Estábamos completamente seguros que Rafael hubiera votado por seguir con nuestro caminar por tierras vascas. Y así hicimos, queriendo buscar al Nervión y dejando atrás la concurrida plaza Moyua, la de San José y el Guggenheim.

jueves, 17 de noviembre de 2016

Bilbao.

Gernika
Imagen de la fachada del frontón de Gernika
Todavía anochecido, se inició nuestro caminar por aquellas calles que, a esas horas, se inundaban del trasiego de personas con su ir y venir, con las prisas del que va a trabajar o del que vuelve del trabajo a casa. Nosotros serenos en nuestro andar por el largo y tortuoso trecho que para este día teníamos preparado, con Lezama cerrado la etapa sería larga. Atrás quedaba, y eran testigos de nuestro paso, aquella calle porticada, aquel mural del desastre, aquella iglesia de Santa María, aquella Casa de Juntas y aquel seco y viejo tronco de roble símbolo de la patria vasca, atrás dejábamos Gernika. Desde ahí, acompañar el paso que en su día dieron los antiguos señores de Bizkaia, cuando volvían de tomar decisiones sobre el devenir de los asuntos de su tierra.

sábado, 5 de noviembre de 2016

Gernika.

Saliendo de Markina
Saliendo de Markina
Ya estábamos listos para salir del convento de los Padres Carmelitas de Markina, cuando Mariano empezó a despertar a los otros dos peregrinos que compartieron noche con nosotros. Nuestro viejo hospitalero tenía la costumbre de levantar a todos a las siete de la mañana, ese día con más motivo ya que acababa de dar hospitalidad como voluntario y volvía a casa. Buen abrazo a un buen hospitalero, con el que tuvimos conversaciones muy agradables el tiempo que allí estuvimos. Todavía de noche tomamos rumbo a poniente, desayunando antes en la cafetería de esquina situada unos metros más allá del albergue de peregrinos.

lunes, 31 de octubre de 2016

Markina-Xemein.

Camino Ucles
El Camino de Uclés en la antigua estación de ferrocarril de Deba, hoy albergue
Creo que ya estaba despierto, cuando sentí a José Manuel dándome un toque en los pies avisándome que ya era hora de levantarse, siempre ha sido mi despertador mañanero por lo dormilón que suelo ser. Lo dejamos todo medio recogido la noche antes, con tal de no hacer ruido por la mañana. Algo de agua sobre la cara, peinarme un poco, terminar de arreglar la mochila y desayunar lo que compramos la tarde antes en un supermercado en la plaza de Deba. Una peregrina se desperezaba en los sillones de la sala de estar donde había dormido, se ve que no soportaría ronquidos por algún lado o el poco espacio entre literas del albergue le produciría algo de agobio. El último vistazo por si nos dejábamos algo y venirse a la vista, allí colgada en el centro de una de las paredes, una de las placas de las que Manuel Rossi suele hacer sobre su apreciado y cuidado Camino de Uclés.

viernes, 28 de octubre de 2016

Deba.

Getaria
Elcano en Getaria
Descansé bien aquella noche en el Kanpaia Aterpea de Getaria. No sé si por los pocos peregrinos que dormimos en él: Jose de Tenerife, un francés del que nunca supe su nombre, José Manuel y yo, o por aquellos txacolis que nos tomamos en el bar Harralde la tarde-noche anterior. Lo cierto, es que esa mañana no sentía dolor en el tobillo por la torcedura del día anterior, me encontraba muy descansado y con muchas fuerzas para comenzar. Desayunamos los cuatro, alguna toma de video de Jose para una especie de reportaje que estaba preparando y salir a caminar con todas la energía al 100% y la ilusión y las ganas de camino intactas. Hoy además teníamos sorpresa, ya que mi querida amiga “Estrella” de Etxebarri nos acompañaría en parte de la jornada, queriéndonos enseñar algo muy especial. Ya veríamos.

miércoles, 26 de octubre de 2016

Getaria.

Dejando Donostia
Dejando atrás Donostia
Los tapones de los oídos me impidieron escuchar el continuo golpeteo de las gotas de lluvia sobre el trozo de ventanal que daba al cielo en el albergue. Tuvo que ser mi amigo y compañero de caminos el que me lo dijera, al observarle lo mojada que estaba la calle aquella mañana del catorce de octubre pasado. Todavía de noche, empezó de nuevo a llover nada más pusimos pie en aquella calle que nos hacía subir a Igeldo. Lo hacía a mares, así que con la cabeza baja y la lámpara frontal en la mano, para evitar que se mojara lo menos posible, jugábamos a encontrar la flecha entre escaleras y pasajes que nos alejaba poco a poco de la capital de Gipuzkoa.

lunes, 24 de octubre de 2016

Donostia.

Bidasoa
Vistas de Irun y el Bidasoa desde Hendaya
Qué decir de ese primer día en el que arrancamos uno de nuestros caminos. Qué decir de esos sentimientos encontrados con los que partimos. Ilusiones y miedos enfrentados y compensados, que empezamos a dejar atrás a medida que damos los primeros pasos, dando lugar a la realidad de lo que estamos viviendo. Esa fue la conversación de José Manuel y mía aquella pasada mañana del trece de octubre, a medida que empezábamos a dejar atrás las luces de Irún, teniendo a la luna por candil y casi escalando nuestra primera pendiente de hoy.