Cuando el hijo fue a despertar a su
padre, aquella farola que daba claridad a la habitación le hacía ver que ya
estaba con los ojos abiertos. Inmóvil, como esperando el momento, Padre
esperaba cada mañana el momento en que Hijo se acercara, le tocara la cara y la
colmara de besos para despertarlo. Era muy temprano, todos dormían en el
albergue de A Gudiña, pero Hijo sabía que tenían que madrugar por lo despacio
que caminaba junto a Padre. Ya en el comedor, Padre esperaba paciente a que
Hijo preparara ese primer desayuno, que daría las fuerzas para arrancar la
jornada. Al terminar, darle esos 10 miligramos de memantina que ayudaba a Padre
a mantener lo máximo posible en su entendimiento, en recordar quien era y
quienes le querían. Con un cielo estrellado y sin que se notase sus ausencias,
partieron Hijo y Padre en un nuevo caminar a Santiago, ya por tierras gallegas.
Aquellos recuerdos de lugares donde estuve, redactados con el deseo de algún día volver.
De Guillermo Rodríguez Bernal
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jueves, 2 de febrero de 2017
domingo, 4 de diciembre de 2016
El Camino de Sterling.
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| Amaneciendo a la salida de A Gudiña |
sábado, 1 de octubre de 2016
El Camino de Zacarías.
Despierto, y todavía de noche, Zacarías
esperaba el amanecer boca arriba en su cama, con una mano en la nuca y con el
índice de la otra redibujando lo escrito por otros en las baldas de la litera
de arriba. Nombres y fechas como registro habitual de los que ocuparon su sitio
antes de que le tocara a él. En el pensamiento, ese dolor en la rodilla
izquierda que le acompañaba en su caminar y que la mitad de un myolastán,
ofrecido por una peregrina, hizo desaparecer milagrosamente la noche anterior.
Con la poca luz que daba la farola pegada a la ventana, comenzó a bajar las
escaleras que le hacían llegar al comedor del albergue. Como si de cristal se
tratara, muy despacio apoyaba el pie en cada escalón, con el mimo que se le da
a algo frágil que se puede romper en cualquier momento. Antes de salir, un café
aderezado con el último ibuprofeno que le quedaba en el bolsillo de aquel
pantalón, siempre cargado de pequeñas cosas.
jueves, 22 de septiembre de 2016
El Camino de Ella y Él.
Como tenía por costumbre, Ella se
lavaba la cara y se medio acicalaba el pelo antes que amaneciera. El albergue
de A Gudiña parecía más sombrío que nunca, la noche era muy cerrada y, al
parecer, algún problema habría con aquella farola que siempre dejaba entrar algo
de luz a través de una de las ventanas y que esa noche no hizo. Con el móvil a
modo de candil, Ella empezó a bajar la escalera todavía soñolienta y tambaleante
y enfocaba a la puerta tratando de buscar la llave que alumbrara el comedor.
En la cocina, con su lámpara frontal sobre la mesa, Él terminaba de fregar la
taza de café que se acababa de tomar y observaba a la chica como se terminaba
de ajustar su mochila y buscaba su bordón para salir a caminar. Deseos de buen camino
de una sonriente Ella y de un aparente cabizbajo Él.
viernes, 9 de agosto de 2013
La leyenda del Gigante de Campobecerros.
No quiero hablaros de la historia
de aquella camisa peregrina que tanto rodó por estas tierras con forma de piel
de toro, pero no puedo olvidar que una de sus aventuras, por tierras gallegas,
dio lugar a una leyenda no muy conocida de un Gigante por el camino que lleva a
Santiago a través de Sanabria.
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