De Guillermo Rodríguez Bernal

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jueves, 2 de febrero de 2017

El Camino de Hijo y Padre.

Cuando el hijo fue a despertar a su padre, aquella farola que daba claridad a la habitación le hacía ver que ya estaba con los ojos abiertos. Inmóvil, como esperando el momento, Padre esperaba cada mañana el momento en que Hijo se acercara, le tocara la cara y la colmara de besos para despertarlo. Era muy temprano, todos dormían en el albergue de A Gudiña, pero Hijo sabía que tenían que madrugar por lo despacio que caminaba junto a Padre. Ya en el comedor, Padre esperaba paciente a que Hijo preparara ese primer desayuno, que daría las fuerzas para arrancar la jornada. Al terminar, darle esos 10 miligramos de memantina que ayudaba a Padre a mantener lo máximo posible en su entendimiento, en recordar quien era y quienes le querían. Con un cielo estrellado y sin que se notase sus ausencias, partieron Hijo y Padre en un nuevo caminar a Santiago, ya por tierras gallegas.

domingo, 4 de diciembre de 2016

El Camino de Sterling.

Amaneciendo
Amaneciendo a la salida de A Gudiña
Abrió los ojos sobresaltado, pensando que se había quedado dormido y no saldría a la hora prevista. Frente a él, en el techo del albergue de A Gudiña, se veía únicamente la sombra que durante toda la noche reflejaba la farola pegada a la ventana, con lo que todavía no había amanecido. Los problemas en los pies y en los hombros que acarreaba Sterling desde hace días, le hacían madrugar para llegar a buena hora al lugar que sus apuntes reflejaban como el fin de la etapa. Sabía que se levantaría el primero, como había estado ocurriendo días atrás en los albergues por donde pasó, con lo que tuvo la precaución de buscar la llave de la luz antes de acostarse el día anterior. A oscuras, fue directo hacia ella e iluminó sin problemas el comedor de la planta baja, buscó uno de los bancos para sentarse y empezó a ponerse protecciones en aquellas partes que tenía afectadas por el caminar. Gasas con desinfectante para su talón derecho, que lo llevaba en carne viva; mover un poco los hilos a modo de sierra curándose esa ampolla de la planta del pie izquierdo y colocarse unos apósitos en las sobresalientes clavículas, que la rozadura de las correas de la mochila le hacían ver las estrellas.

sábado, 1 de octubre de 2016

El Camino de Zacarías.

Despierto, y todavía de noche, Zacarías esperaba el amanecer boca arriba en su cama, con una mano en la nuca y con el índice de la otra redibujando lo escrito por otros en las baldas de la litera de arriba. Nombres y fechas como registro habitual de los que ocuparon su sitio antes de que le tocara a él. En el pensamiento, ese dolor en la rodilla izquierda que le acompañaba en su caminar y que la mitad de un myolastán, ofrecido por una peregrina, hizo desaparecer milagrosamente la noche anterior. Con la poca luz que daba la farola pegada a la ventana, comenzó a bajar las escaleras que le hacían llegar al comedor del albergue. Como si de cristal se tratara, muy despacio apoyaba el pie en cada escalón, con el mimo que se le da a algo frágil que se puede romper en cualquier momento. Antes de salir, un café aderezado con el último ibuprofeno que le quedaba en el bolsillo de aquel pantalón, siempre cargado de pequeñas cosas.

jueves, 22 de septiembre de 2016

El Camino de Ella y Él.

Como tenía por costumbre, Ella se lavaba la cara y se medio acicalaba el pelo antes que amaneciera. El albergue de A Gudiña parecía más sombrío que nunca, la noche era muy cerrada y, al parecer, algún problema habría con aquella farola que siempre dejaba entrar algo de luz a través de una de las ventanas y que esa noche no hizo. Con el móvil a modo de candil, Ella empezó a bajar la escalera todavía soñolienta y tambaleante y enfocaba a la puerta tratando de buscar la llave que alumbrara el comedor. En la cocina, con su lámpara frontal sobre la mesa, Él terminaba de fregar la taza de café que se acababa de tomar y observaba a la chica como se terminaba de ajustar su mochila y buscaba su bordón para salir a caminar. Deseos de buen camino de una sonriente Ella y de un aparente cabizbajo Él.

viernes, 9 de agosto de 2013

La leyenda del Gigante de Campobecerros.

No quiero hablaros de la historia de aquella camisa peregrina que tanto rodó por estas tierras con forma de piel de toro, pero no puedo olvidar que una de sus aventuras, por tierras gallegas, dio lugar a una leyenda no muy conocida de un Gigante por el camino que lleva a Santiago a través de Sanabria.