De Guillermo Rodríguez Bernal

miércoles, 13 de julio de 2022

Bandeira.

Capela do Carmen
Capilla del Carmen en A Xesta
La capela do Carmen de A Xesta se despidió de nosotros pasados unos minutos de las siete de la mañana. Dejábamos atrás aquella pequeña parroquia pontevedresa, que en su día fue reclamo de repoblación por la cantidad de casas vacías que albergaba de los abuelos que se fueron marchando y de esa juventud que se buscaba la vida por otros lares. Ya desayunados, caminábamos entre parcelas de huertas con un cielo gris que no amenazaba agua y un terreno encharcado por lo que llovió tanto la tarde-noche del día anterior como durante toda la madrugada. Nos quedaban algo menos de 60 kilómetros a Santiago de Compostela, estábamos estupendos y las ilusiones de caminar como las del primer día.

lunes, 11 de julio de 2022

A Xesta.

Saliendo de Cea
Saliendo de Cea
Junto a la pequeña tapia del campo de futbol, despedimos a Cea aquel martes veintiuno de junio. Dejábamos atrás ese pequeño pueblo con olor a pan y afrontábamos lo que sería la etapa reina de esta última salida a nuestros Caminos a Santiago. Se vaticinaba lluvia al 100% durante todo el día y teníamos por delante el afrontar casi treinta kilómetros con tres subidas a recordar. Estábamos en Galicia, no hay otra.

miércoles, 6 de julio de 2022

Cea.

Puente Romano
Puente Romano sobre el Miño en Ourense
A las siete y veinte de la mañana ya teníamos desplegados nuestros bastones, el estomago contento por el desayuno recibido y la rúa do Progreso bajo nuestros pies para despedirnos de la ciudad que nos dio cobijo aquella noche ya apagada. Pasábamos casi inadvertidos a las personas que iban y venían por sus quehaceres diarios. El puente romano de Ourense me ayudaba a cruzar el último río importante en nuestro caminar desde Sevilla, mientras de lejos el Puente del Milenio miraba con envidia a su abuelo y la tranquilidad de los que la transitábamos en esa mañana recién despertada. Atrás quedaron el Guadalquivir, el Guadiana, el Tajo y el Duero, sin olvidar afluentes tan carismáticos y peregrinos como el Esla y el Tera. Se empezaba a sentir la cercanía a nuestra meta final, aunque aún quedaran jornadas pendientes.

domingo, 3 de julio de 2022

Ourense.

Monasterio de Santa María Xunqueira de Ambía

Las diez y diez de la mañana nos marcaba el reloj del monasterio de Santa María. Mi deseo de volver a caminar por el sanabrés se hizo realidad aquel 19 de junio de 2022. Se retomaba un camino que quedó entre dormido y aletargado pero nunca olvidado. Once años largos después retomaba mi antigua credencial y volvía a caminar por tierras de Ourense bajando la cabeza al recuerdo e iniciando esas etapas finales que me llevarían a Santiago con cabeza alta. Pedro Correjaco se convertía en testigo fiel de mi vuelta tras la espera y nos enfrentábamos con mucha ilusión a los casi 128 kilómetros que marcaba el mojón gallego al inicio del camino en la salida de Xunqueira de Ambía.

lunes, 15 de febrero de 2021

Recuerdo de niñez en mi barriada. Mi trozo de calle San Sebastián. Sus gentes.

San Sebastián C.F.
Despierto la otra mañana con un sueño que me traía tranquilidad a ese espíritu que tan alterado tenemos en esta época que estamos viviendo. La magia de los sueños, en muchas ocasiones, hace que vuelvas atrás en el tiempo y mitiga esos dolores que dejaron las personas que ya se fueron al volver a tenerlas cerca. Encuentros sin traumas, sin dolor, casi pasando desapercibidas las penas que se pasaron por ellos cuando partieron. Como si nunca se hubieran ido y hayan continuado con nosotros por siempre.

sábado, 13 de febrero de 2021

Recuerdos de niñez en mi barriada. La hermandad en Coca.

Hace tiempo que no escribía cosas por aquí de esos tiempos de la Coca de mi niñez. La verdad es que se acaba el repertorio y, para escribir algo meritorio de las personas que nos leen, no quería hablaros de cualquier cosa. Para decidirme, se han juntado los sentimientos de dos amigos que han provocado que se encendiera esa bombilla que me hiciera arrancar. Por un lado, mi última caminata con José Manuel R. Baños, amistad que siempre despierta admiración entre amigos y compañeros de trabajo por ser tan cercana y de casi 50 años juntos, difícil de entender para muchos en los tiempos que vivimos. Por el otro, el acertado comentario de alguien muy cercano a todos nosotros por estos foros y en la barriada. Persona con la que antes apenas he tenido trato, pero que estos medios me  ha hecho tenerle un aprecio muy especial, por esas aficiones suyas tan afines a las de mi padre. Hace unos días, con su buen hablar me decía: “Creo que hemos tenido la suerte de nacer y crecer en un barrio que en un momento fue una casa grande de todos, y se conoce y quiere a todo el mundo de aquella época. Más que vecinos eran titos y titas de todos.” Sabias palabras de un hombre inteligente y buen amigo.

Recuerdos de niñez en mi barriada. Octavo de la EGB.

Por dos veces tuve que hacer octavo de la EGB a primero de aquellos años ochenta. El no tener la edad reglamentaria para entrar en el bachillerato y algo perrete en los estudios, me hicieron repetir curso, teniendo la oportunidad de conocer una nueva generación de compañeros y algún que otro cambio en los profesores. Confundo a estos últimos y no los logro ubicar según que años, pero si que me acuerdo de todos ellos.

Recuerdos de niñez en mi barriada. Nos vamos al cole.

Sería complicado recordar o hacer un cálculo de cuando comencé con mis obligaciones escolares. Lo único que puedo recordar eran unas escaleras por donde subía cada mañana, en aquel lugar de la calle Ben-Alkama al lado del polvero, una especie de aula con patio pegado donde corríamos como locos y mi primera maestra, Mari, vecina de siempre del barrio y a la que en casa se tenía esa denominación de “la amiguilla”. La verdad es que sólo tengo flashes de lo que fueron aquellos días sin poder aportar ningún sentimiento ni mas memoria de aquel inicio.

Recuedos de niñez en mi barriada. Aquella televisión de entonces.

Aquella tarde de un soleado sábado de mediados de abril, estaba mi madre entretenida haciendo crochet aprovechando la luz al ser los días más largos. La media viena con aceite y azúcar la tenía sobre el poyete de la cocina y la recogía camino de la calle, donde esperaba encontrarme con mis amigos. Mi padre, en el patio, arreglaba las jaulas de los canarios y los lúganos. Aquel año consiguió una canaria blanca y la puso con el canario que más cantaba en casa. Soñaba con pichones albinos que tuvieran el trino del macho. La banda sonora partía del radio casette con alguna cinta de Antonio Mairena o Manolo Caracol. Mi hermana, en su cuarto, no dejaba de peinar a la Nancy haciendo de madre por un momento.

Recuerdos de niñez en mi barriada. Paseo veraniego.

Como escribí hace unos meses, hoy vuelvo a ser el niño de unos doce años callado y observador. Decido volver a dar un paseo por mi barriada y coincido con mi padre a la salida de casa. Es por la tarde y el verano no está siendo demasiado caluroso. Mi padre sale con una carpeta azul de gomillas bajo el brazo. Dice que tardará un rato. Es el secretario de la APA y quería dejar cerrado unos temas con el presidente de la asociación. Lo acompaño hasta el pozo de mi calle, la calle San Sebastián. Antes de llegar a la esquina, Angelines sale de su casa corriendo. Me pregunta por mi hermana, si estaba en casa. Asiento y se va hacía ella. Loli se asoma por la ventana y nos saluda, mientras Chari, la última de las tres hermanas, se queda con las ganas de meterse conmigo al ir acompañado de mi padre.